Esta visita a la explotación, que forma parte de CABRAMA, se realizó para comprobar el estado de la explotación, hacerle un diagnóstico personalizado y ofrecerle soluciones para mejorar la gestión. La cabra Malagueña, raza autóctona española que se encuentra entre las razas más lecheras del mundo, por lo que actualmente se encuentra distribuida por diferentes puntos de España, así como en Portugal, el norte de Marruecos e Italia. Tal y como describe CABRAMA, las características más importantes de esta raza son su elevada producción lechera, en cantidad y calidad, y su buena adaptación a los distintos sistemas de explotación, gracias a su alta rusticidad y resiliencia. CABRAMA es la entidad reconocida oficialmente por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para la gestión del Libro Genealógico de la Raza Cabra Malagueña a nivel nacional. El principal objetivo de la asociación es la mejora genética de la raza permitiendo la gestión integral de las explotaciones asociadas, mejorando la resiliencia y la eficiencia de las ganaderías, tanto económica como medioambiental. La explotación visitada hace uso de la aplicación “RUMIA» establecida por CABRAMA, a través de la cual se ha conseguido la digitalización de la recogida de datos consiguiendo un mapa exacto del estado de calidad morfológica, genética y calidad lechera de la explotación, lo que permite tomar decisiones a tiempo real, mejorando la rentabilidad y competitividad. Además, la explotación llevaba también un monitoreo constante de insumos como pienso consumido y rentabilidad asociada. Esta explotación es un claro ejemplo de el poder de contar con datos fiables de una explotación, y como esto se traduce en mejora de rendimiento operativo y financiero de una explotación.
ASAJA Málaga celebra San Isidro Labrador y presenta la Oficina Acelera Pyme ante más de 1.000 asistentes
ASAJA Málaga reúne a más de 1.000 personas en la celebración de San Isidro Labrador El pasado 15 de mayo, ASAJA Málaga celebró San Isidro Labrador en la Finca Eslava de Antequera, una jornada que congregó a alrededor de 1.000 personas. El evento comenzó con la Asamblea General de ASAJA Málaga, durante la cual Baldomero Bellido fue reelegido presidente de la organización para un nuevo mandato. La jornada contó con la presencia de representantes institucionales, ponencias técnicas impartidas por empresas del sector y la presentación de la Oficina Acelera Pyme de ASAJA, que dio a conocer sus servicios de asesoramiento y apoyo a la transformación digital de las empresas agrarias. Presentación de la Oficina Acelera Pyme Durante el encuentro se celebró una ponencia dedicada a la Oficina Acelera Pyme, en la que se expusieron los principales retos a los que se enfrentan las pymes y autónomos del sector agrario y cómo la digitalización puede contribuir a resolverlos. Entre los beneficios destacados se señalaron la mejora de la productividad, la reducción de costes, la simplificación de los procesos administrativos y la optimización de la gestión empresarial. La presentación tuvo una gran acogida entre los asistentes, varios de los cuales se acercaron posteriormente a los puntos de información para iniciar su colaboración con la Oficina. Entre las consultas realizadas destacó el interés por el uso de drones para el control de plagas y la aplicación de tratamientos agrícolas. Con el objetivo de responder a esta demanda, la Oficina Acelera Pyme de ASAJA organizará próximamente diversas actuaciones informativas centradas en la aplicación de drones en el sector agrario. Estas iniciativas incluirán infografías, webinars, talleres, jornadas demostrativas de diferentes tecnologías y asesoramiento personalizado. Además, se realizarán visitas a explotaciones agrícolas para conocer de primera mano las necesidades específicas de cada empresa y ofrecer soluciones adaptadas a cada caso. El calendario de actividades será publicado próximamente en la web de la Oficina Acelera Pyme. Asimismo, la Oficina Acelera Pyme concedió una entrevista a la revista Vida Económica, que será publicada próximamente y en la que se abordará la importancia de la digitalización para el futuro del sector agrario. Presencia institucional y ponencias técnicas El acto contó con la participación del alcalde de Antequera, Manuel Barón, y de la consejera de Economía, Hacienda y Fondos Europeos de la Junta de Andalucía, Carolina España. Ambos destacaron la importancia estratégica del sector agrario como motor económico y social de Andalucía, así como su papel fundamental en la fijación de población en el medio rural. Las ponencias técnicas estuvieron a cargo de Gedysa, empresa de origen antequerano especializada en asesoramiento integral agrícola, y Daymsa, compañía dedicada desde la década de los setenta al desarrollo de soluciones para la mejora del suelo agrícola. Los asistentes también pudieron disfrutar de una exposición de maquinaria agrícola y de diversas degustaciones de productos locales, completando una jornada de convivencia, formación e intercambio de experiencias entre profesionales del sector.
El papel de la IA en el riego: anticipar antes de corregir
La inteligencia artificial está empezando a cambiar la forma en la que muchas explotaciones agrícolas gestionan el riego. Su valor no está solo en automatizar tareas o en recoger datos, sino en ayudar a anticipar lo que puede ocurrir antes de que el problema sea visible en el cultivo. Durante años, muchas decisiones de riego se han tomado a partir de la experiencia del agricultor, los calendarios establecidos o la observación directa de la parcela. Esa experiencia sigue siendo fundamental, pero hoy puede complementarse con herramientas capaces de analizar datos del suelo, del clima y del cultivo para ofrecer recomendaciones más precisas. En la provincia de Málaga, donde conviven explotaciones de olivar, cítricos, hortícolas y cultivos subtropicales como el aguacate o el mango, mejorar la gestión del agua es una necesidad cada vez más importante. La sequía, el aumento de los costes energéticos y la presión sobre los recursos hídricos hacen que cada decisión de riego tenga un impacto directo en la productividad y en la rentabilidad de la explotación. Ahí es donde la inteligencia artificial puede aportar un valor real dentro de la transformación digital del sector agrario. No se trata de sustituir el criterio del agricultor, sino de reforzarlo con datos que ayuden a decidir mejor. Del dato a la decisión El riego inteligente parte de una idea sencilla: medir mejor para decidir mejor. Los sensores de humedad, las estaciones meteorológicas, los caudalímetros, las imágenes satelitales y las plataformas digitales permiten conocer con más detalle qué está ocurriendo en la explotación. Sin embargo, tener datos no siempre significa tomar mejores decisiones. Para que esa información sea útil, hay que interpretarla. La inteligencia artificial ayuda precisamente en ese punto, porque puede analizar grandes cantidades de datos, detectar patrones y prever necesidades de riego con más antelación. El análisis publicado por iAgua explica que la IA puede trabajar con datos históricos y en tiempo real para predecir la demanda de agua, optimizar la programación del riego y detectar anomalías asociadas al estrés hídrico. En términos prácticos, esto permite pasar de un riego reactivo a una gestión más preventiva. Anticiparse antes de que aparezca el problema Uno de los grandes retos del riego tradicional es que muchas veces el problema se detecta tarde. El agricultor puede ver hojas decaídas, pérdida de vigor o cambios en el suelo cuando el cultivo ya lleva días sufriendo un déficit o un exceso de agua. La IA cambia esa lógica porque permite cruzar información de distintas fuentes: humedad del suelo, temperatura, previsión meteorológica, historial de la parcela, tipo de cultivo y evolución del crecimiento. Con todo ello, el sistema puede avisar de una posible situación de riesgo antes de que el daño sea evidente. Esto es especialmente útil en cultivos como el olivar, los cítricos o los subtropicales, donde cada fase del desarrollo tiene necesidades distintas. No todos los momentos del ciclo del cultivo tienen la misma sensibilidad al agua, y no todas las parcelas responden igual. Por eso, contar con recomendaciones más ajustadas puede ayudar a evitar errores, ahorrar recursos y mejorar la eficiencia. Sensores, modelos predictivos y aprendizaje La inteligencia artificial necesita datos para funcionar bien. Por eso, suele trabajar junto a sensores instalados en campo y plataformas de seguimiento. Estos sistemas recogen información sobre humedad, temperatura, conductividad eléctrica, caudal o condiciones meteorológicas. Un ejemplo claro es el trabajo de Plantae, una startup vinculada al Parque Científico de la Universidad Carlos III de Madrid. La UC3M recoge que esta tecnología utiliza datos generados por más de 10.000 sensores instalados en fincas y explotaciones agrícolas para desarrollar modelos predictivos orientados a mejorar el manejo del riego y la productividad de los cultivos. Este tipo de soluciones permite construir un conocimiento más preciso de cada parcela. Con el tiempo, el sistema aprende de los datos recogidos y puede ajustar mejor sus recomendaciones. De esta forma, la explotación no solo mide lo que ocurre, sino que va generando información útil para futuras decisiones. Beneficios para la explotación La aplicación de IA al riego puede aportar beneficios muy concretos. El primero es el ahorro de agua, ya que permite ajustar mejor la cantidad aplicada y evitar riegos innecesarios. Esto es clave en zonas donde el agua es limitada o donde existen restricciones de dotación. El segundo beneficio es el ahorro energético. Si se reducen bombeos innecesarios y se optimizan los horarios de riego, también puede reducirse el coste eléctrico. En muchas explotaciones, esta mejora tiene un impacto directo en la rentabilidad. También mejora la gestión agronómica. El agricultor puede detectar diferencias entre parcelas, revisar zonas con comportamientos extraños y tomar decisiones con más seguridad. Además, cuando el riego se combina con fertirrigación, una mejor gestión del agua puede ayudar a que los nutrientes se aprovechen mejor y no se pierdan por exceso de riego. Empresas especializadas en control inteligente, como Telefónica Tech, explican que estas soluciones permiten gestionar el riego en función del estado hídrico del cultivo, usando sensores, datos y automatización para mejorar el consumo de agua. Una ayuda, no un sustituto del agricultor Es importante entender que la inteligencia artificial no sustituye el criterio del agricultor ni el acompañamiento técnico. La tecnología puede proponer, alertar y recomendar, pero la decisión final debe adaptarse a la realidad de cada finca. Cada explotación tiene sus particularidades: tipo de suelo, sistema de riego, disponibilidad de agua, cultivo, pendiente, edad de la plantación y objetivos productivos. Por eso, la IA funciona mejor cuando se combina con la experiencia del agricultor y con una buena interpretación agronómica. La clave está en usar la tecnología como apoyo. No se trata de depender de una plataforma, sino de contar con más información para decidir mejor. Cuando los datos se entienden y se conectan con la gestión diaria, la digitalización deja de ser algo lejano y se convierte en una herramienta práctica. Hacia un riego más preventivo El futuro del riego no pasa solo por aplicar más tecnología, sino por usarla con sentido. La IA puede ayudar a reducir errores, anticipar necesidades,
Cítricos y balance hídrico: regar con precisión para producir mejor
El riego es uno de los factores más importantes en la producción de cítricos. Naranjos, mandarinos, limoneros y otros cultivos similares dependen mucho de una buena gestión del agua para mantener la productividad, la calidad del fruto y la rentabilidad de la explotación. Sin embargo, regar bien no significa simplemente aportar más agua, sino aplicar la cantidad adecuada en el momento correcto. En la provincia de Málaga, donde existen explotaciones de cítricos en distintas zonas agrícolas, esta gestión es especialmente importante. El clima, la disponibilidad de agua, el aumento de los costes energéticos y la necesidad de producir con más eficiencia hacen que el riego sea una decisión estratégica para agricultores, cooperativas y pymes rurales. En este contexto, el riego inteligente se presenta como una solución cada vez más útil para el sector agrario. Esta forma de trabajar permite pasar de un riego basado solo en la rutina o en calendarios fijos a una gestión más precisa, apoyada en datos reales del cultivo, del suelo y del clima. Este cambio forma parte de la transformación digital del sector agrario, donde la tecnología se utiliza para tomar mejores decisiones, ahorrar recursos y mejorar la competitividad de las explotaciones. Por qué el agua es clave en los cítricos Los cítricos son cultivos muy sensibles al manejo hídrico. Un exceso o una falta de agua puede afectar al desarrollo del árbol, al calibre de la fruta, a la uniformidad de la cosecha y a la calidad final del producto. Por eso, una mala planificación del riego puede generar pérdidas económicas o un uso poco eficiente de los recursos disponibles. Además, no todas las parcelas se comportan igual. La textura del suelo, la profundidad de las raíces, la evaporación, la pendiente, la climatología o el estado del sistema de riego pueden cambiar mucho de una finca a otra. Incluso dentro de una misma explotación pueden existir zonas con necesidades diferentes. Por este motivo, aplicar siempre la misma dosis de agua en toda la parcela puede quedarse corto. La clave está en conocer mejor qué necesita realmente el cultivo y adaptar el riego a esa información. Qué es el balance hídrico El balance hídrico ayuda a entender la relación entre el agua que entra y el agua que sale del sistema suelo-planta-atmósfera. En palabras simples, permite estimar cuánta agua tiene disponible el cultivo, cuánta se pierde por evaporación o transpiración y cuándo puede empezar a aparecer un déficit. En cítricos, este tipo de análisis resulta especialmente útil porque permite anticiparse antes de que el estrés hídrico sea visible. Muchas veces, cuando el árbol ya muestra señales claras de falta de agua, el problema lleva tiempo acumulándose. Por eso, contar con sensores y modelos de apoyo puede ayudar a actuar antes y evitar daños mayores. El trabajo sobre AquaCitrus, recogido en el repositorio de la Universidad de Jaén, plantea un modelo de balance hídrico orientado a mejorar la eficiencia del riego en cultivos de cítricos. Este tipo de sistemas permite simular el movimiento del agua en el suelo y apoyar la toma de decisiones con una base más técnica. Del riego por costumbre al riego con datos Durante años, muchas explotaciones han regado siguiendo la experiencia del agricultor, los turnos disponibles o calendarios establecidos. Esa experiencia sigue siendo muy valiosa, pero hoy puede complementarse con herramientas digitales que ayudan a tomar decisiones más ajustadas. Los sensores de humedad del suelo, las estaciones meteorológicas, los caudalímetros, los sistemas de telecontrol y las plataformas digitales permiten conocer mejor el estado real de la finca. A partir de esos datos, el agricultor puede decidir si conviene regar, esperar, modificar la dosis o revisar una zona concreta de la parcela. La Universitat Politècnica de València destaca que la inteligencia artificial puede utilizarse para evaluar la eficiencia del riego en cítricos y relacionar el manejo hídrico con la productividad y la rentabilidad del cultivo. Es decir, no se trata solo de ahorrar agua, sino de producir mejor con los recursos disponibles. Beneficios del riego inteligente El primer beneficio del riego inteligente es el ahorro de agua. Al conocer mejor la humedad del suelo y las necesidades del cultivo, se evita regar de más y se reduce el desperdicio. Esto es especialmente importante en zonas donde el agua es limitada o donde existen restricciones de dotación. El segundo beneficio es el ahorro energético. Si se ajustan mejor los ciclos de riego, se reducen bombeos innecesarios y se aprovecha mejor cada aplicación. Esto puede tener un impacto directo en los costes de la explotación. También mejora el control agronómico. Con datos actualizados, el agricultor puede detectar problemas antes, comparar zonas de la parcela y tomar decisiones con más seguridad. Por ejemplo, si una parte de la finca mantiene demasiada humedad, puede revisarse el sistema de riego, la presión, los emisores o el drenaje. Además, un riego más equilibrado ayuda a evitar problemas como el lavado de nutrientes, el encharcamiento o el estrés hídrico prolongado. Todo esto contribuye a una producción más estable y a una mejor calidad del fruto. Tecnología útil y adaptada al campo El riego inteligente no tiene por qué significar una inversión enorme desde el primer momento. En muchos casos, el primer paso puede ser instalar sensores en una parcela concreta, probar una plataforma de seguimiento o automatizar una parte del sistema de riego. Lo importante es que la tecnología responda a una necesidad real. No todas las explotaciones necesitan el mismo nivel de digitalización. Una finca pequeña puede empezar con soluciones sencillas, mientras que una cooperativa o una explotación de mayor tamaño puede necesitar herramientas más completas de análisis, control remoto o integración de datos. Empresas especializadas en IoT agrícola, como Telefónica Tech, explican que el riego inteligente puede integrar sensores, control de válvulas, caudalímetros, alertas y datos en tiempo real para gestionar el agua de forma más precisa. Inteligencia artificial para anticiparse La inteligencia artificial también empieza a tener un papel importante en la gestión del riego. Gracias al análisis de datos, los modelos predictivos pueden ayudar
Cultivos tropicales: riego inteligente para manejar alta demanda y clima variable
Los cultivos subtropicales tienen unas necesidades de agua muy concretas. En zonas de Málaga como la Axarquía, cultivos como el aguacate y el mango dependen de una gestión hídrica muy cuidada para crecer bien, mantener la producción y asegurar la calidad del fruto. Sin embargo, regar bien no significa aplicar más agua, sino aportar la cantidad adecuada en el momento correcto. En áreas donde las temperaturas son elevadas y la evapotranspiración aumenta, pequeños desajustes en el riego pueden afectar al cultivo con rapidez. Un déficit de agua puede generar estrés, pérdida de vigor, caída de frutos o menor calibre. Un exceso, en cambio, puede provocar problemas de asfixia radicular, lavado de nutrientes o aparición de enfermedades. Por eso, el riego inteligente se ha convertido en una herramienta cada vez más útil para manejar mejor la incertidumbre. Este enfoque forma parte de la transformación digital del sector agrario, donde la tecnología se utiliza para ayudar a explotaciones, cooperativas, autónomos y pymes rurales a tomar decisiones con más información y menos margen de error. Un cultivo exigente en un clima cambiante El principal reto de los cultivos subtropicales es la variabilidad. Hay fincas con suelos muy diferentes dentro de una misma parcela, zonas con pendientes, áreas que retienen más humedad y otras que se secan antes. A esto se suman periodos secos prolongados, olas de calor, lluvias irregulares y cambios bruscos de temperatura. En este contexto, un calendario de riego fijo puede quedarse corto. Lo que funcionaba una semana puede no servir para la siguiente si cambian las condiciones climáticas o si el cultivo entra en una fase más sensible. Por eso, cada vez tiene más sentido pasar de un riego basado solo en la rutina a un riego apoyado en datos. El objetivo no es sustituir la experiencia del agricultor, sino reforzarla. La persona que conoce la finca sigue siendo clave, pero ahora puede contar con información más precisa sobre humedad, temperatura, previsión meteorológica y estado del cultivo. Medir para regar con más precisión El riego inteligente se basa en medir lo que ocurre en el campo. Para ello, se pueden utilizar sensores de humedad del suelo, estaciones meteorológicas, caudalímetros, sistemas de telecontrol y plataformas digitales que reúnen la información en un solo lugar. Con estos datos, el agricultor puede saber si una zona necesita agua, si otra mantiene suficiente humedad o si conviene retrasar un riego por previsión de lluvia. También puede detectar problemas en el sistema, como fugas, sectores con menos presión o emisores que no funcionan correctamente. Empresas especializadas en soluciones IoT, como Monolitic, explican que estas tecnologías permiten gestionar mejor los recursos hídricos mediante sensores, conectividad y análisis de datos. Aplicado al campo, esto ayuda a tomar decisiones más ajustadas y a reducir desperdicios. Inteligencia artificial para anticipar problemas La inteligencia artificial también puede aportar valor en el riego de cultivos subtropicales. Su función no es complicar la gestión, sino analizar muchos datos a la vez y detectar patrones que pueden pasar desapercibidos. Según el análisis publicado por iAgua, la IA puede trabajar con datos históricos y en tiempo real, previsiones meteorológicas, imágenes satelitales y señales relacionadas con el estrés hídrico. Esta información permite anticipar necesidades de riego y actuar antes de que el problema sea visible en la planta. En cultivos como el aguacate o el mango, esta anticipación es especialmente importante. Muchas veces, cuando el estrés ya se aprecia en hojas o frutos, el daño lleva días acumulándose. Si el sistema avisa antes, el agricultor puede corregir el riego, revisar una zona concreta o ajustar la programación con más rapidez. Menos desplazamientos y más capacidad de reacción Otra ventaja importante del riego inteligente es la posibilidad de controlar parte del sistema de forma remota. En fincas grandes o con varias parcelas, esto puede ahorrar tiempo y reducir desplazamientos innecesarios. La automatización permite abrir y cerrar válvulas, modificar horarios, revisar consumos o recibir alertas desde un móvil u ordenador. Esto no significa dejar la finca sin supervisión, sino ganar rapidez de respuesta. Si cambia el tiempo, aparece una incidencia o una zona consume más agua de lo previsto, el agricultor puede actuar antes. Telefónica Tech plantea el control inteligente del riego como una forma de gestionar el agua en función del estado hídrico del cultivo, utilizando sensores, datos y automatización. Este tipo de soluciones puede ser especialmente útil en cultivos con alta demanda y necesidades muy variables. Beneficios para la finca Los beneficios del riego inteligente no se limitan al ahorro de agua, aunque este sea uno de los más importantes. También puede ayudar a reducir el coste energético, mejorar el uso de fertilizantes y mantener una producción más uniforme. Cuando el riego está mejor ajustado, se evitan aplicaciones innecesarias y se aprovecha mejor cada ciclo. Si además se trabaja con fertirrigación, una buena gestión del agua ayuda a que los nutrientes lleguen mejor a la zona radicular y no se pierdan por exceso de riego. También mejora el control operativo. El agricultor puede comparar datos entre parcelas, detectar zonas problemáticas y tomar decisiones más seguras. Esto es clave en cultivos subtropicales, donde una mala gestión del agua puede afectar directamente al rendimiento y a la calidad comercial. Además, el riego inteligente puede complementarse con herramientas de observación del cultivo, como drones o imágenes multiespectrales. Estas soluciones ayudan a detectar diferencias dentro de una parcela que no siempre se ven a simple vista. Digitalizar no es solo instalar sensores Uno de los puntos más importantes es entender que digitalizar el riego no consiste únicamente en colocar sensores. Para que la tecnología sea realmente útil, los datos deben interpretarse y conectarse con decisiones concretas. No todas las explotaciones necesitan el mismo nivel de digitalización. Algunas pueden empezar con sensores de humedad en zonas representativas. Otras pueden necesitar estaciones meteorológicas, control remoto de válvulas o plataformas más completas para gestionar varias parcelas. La clave está en elegir soluciones adaptadas a la realidad de cada finca. También es importante definir umbrales: cuándo regar, cuánto aplicar, cuándo esperar y
Drones agrícolas: de la observación visual al diagnóstico de precisión
Los drones se han convertido en una de las tecnologías más representativas de la transformación digital del sector agrario. Lo que empezó como una herramienta para obtener imágenes aéreas de las explotaciones ha evolucionado hasta convertirse en un apoyo real para recopilar información sobre el estado de los cultivos y mejorar la toma de decisiones. En la provincia de Málaga, donde conviven explotaciones de olivar, cítricos, hortícolas y cultivos subtropicales como el aguacate o el mango, esta tecnología puede tener un papel muy útil. Cada finca tiene sus propias características: diferencias de suelo, pendiente, disponibilidad de agua, exposición al sol o respuesta del cultivo. Por eso, contar con una visión aérea permite detectar problemas que no siempre se aprecian desde el suelo. Los drones agrícolas no sustituyen la experiencia del agricultor ni el trabajo del técnico, pero sí aportan información valiosa para actuar con más rapidez y precisión. Su utilidad no está solo en captar imágenes, sino en transformar esas imágenes en datos que ayuden a gestionar mejor la explotación. Este avance forma parte de la transformación digital del sector agrario, donde el objetivo no es incorporar tecnología por moda, sino utilizar herramientas prácticas para mejorar la competitividad, ahorrar recursos y tomar decisiones con más información. De la imagen aérea al dato útil Cuando se habla de drones agrícolas, no se trata solo de volar sobre una parcela y hacer fotografías. La verdadera utilidad aparece cuando esas imágenes se procesan y se convierten en información agronómica. A través de vuelos planificados, el dron puede generar mapas de la explotación, conocidos como ortomosaicos, que permiten ver toda la superficie con un alto nivel de detalle. Estos mapas ayudan a identificar zonas con diferente desarrollo, áreas con menor vigor, posibles daños, problemas de uniformidad o patrones que no siempre se detectan caminando por la finca. Además, cuando se utilizan sensores más avanzados, como cámaras multiespectrales, es posible calcular índices de vegetación como el NDVI o el GNDVI. Estos índices permiten analizar el estado del cultivo y detectar variaciones relacionadas con la actividad fotosintética, el vigor vegetal o posibles situaciones de estrés. El estudio “Uso de drones para el análisis de imágenes multiespectrales en agricultura de precisión”, disponible en Dialnet, destaca la utilidad de estas tecnologías para mejorar el seguimiento de los cultivos y apoyar decisiones técnicas más ajustadas. Principales usos de los drones en agricultura Los drones pueden tener muchas aplicaciones dentro de una explotación agraria. Su utilidad dependerá del tipo de cultivo, del objetivo del vuelo y del nivel de información que se quiera obtener. No siempre es necesario empezar con sistemas complejos. En muchos casos, el primer paso puede ser conocer mejor la variabilidad de la finca. Uno de sus usos más habituales es la supervisión general del cultivo. Gracias a las imágenes aéreas, el agricultor puede tener una visión completa de la parcela y detectar zonas que presentan un comportamiento diferente. Esto ayuda a localizar daños por maquinaria, zonas encharcadas, falta de uniformidad, áreas con menor desarrollo o posibles problemas en una parte concreta de la explotación. También son útiles para el seguimiento del vigor vegetal. A través de cámaras multiespectrales, los drones pueden mostrar qué partes de la finca tienen mayor o menor actividad vegetal. Esta información puede servir para detectar desequilibrios y decidir dónde conviene revisar el cultivo con más detalle. Otra aplicación importante es la detección temprana de problemas sanitarios. Algunas plagas o enfermedades empiezan afectando a zonas concretas antes de hacerse visibles en toda la parcela. Un dron puede ayudar a localizar esos focos iniciales y facilitar una intervención más rápida. Los drones también pueden apoyar la gestión de la fertilización. Al identificar zonas con menor desarrollo o diferencias de vigor, permiten orientar mejor las revisiones y ajustar las decisiones relacionadas con la nutrición del cultivo. Esto puede contribuir a un uso más eficiente de los insumos y a una gestión más sostenible. Una herramienta para mejorar el uso del agua En zonas agrícolas donde el agua es un recurso cada vez más limitado, los drones pueden aportar información muy útil para mejorar el riego. A través de sensores térmicos o multiespectrales, pueden detectarse diferencias relacionadas con el estrés hídrico, problemas de distribución del agua o zonas que no están respondiendo igual al manejo. Por ejemplo, una parte de la finca puede parecer normal a simple vista, pero empezar a mostrar señales de falta de agua o de mala distribución del riego. Detectar esto a tiempo permite revisar el sistema, comprobar posibles obstrucciones, ajustar turnos o valorar si una zona necesita una atención diferente. Esta información no elimina la necesidad de revisar el terreno, pero ayuda a priorizar. El dron actúa como una primera alerta que indica dónde conviene mirar. Después, el agricultor o el técnico interpretan la situación y deciden qué actuación es más adecuada. La FAO también ha señalado el potencial de los drones dentro de las soluciones digitales aplicadas a la agricultura, especialmente por su capacidad para recopilar información espacial y mejorar la planificación de las labores agrarias. Drones y agricultura de precisión en Málaga La agricultura de precisión busca adaptar las decisiones a la realidad de cada zona de la finca. Esto es especialmente importante en territorios con cultivos variados y condiciones diferentes entre parcelas, como ocurre en muchas zonas agrícolas de Málaga. En una explotación de olivar, el dron puede ayudar a detectar diferencias de vigor o estrés hídrico. En cítricos, puede servir para observar uniformidad, desarrollo o posibles zonas con problemas de riego. En cultivos subtropicales, como mango o aguacate, puede aportar información útil sobre el estado general del cultivo y ayudar a localizar áreas que requieren revisión. Lo importante es utilizar la tecnología con un objetivo claro. No se trata de volar por volar, sino de responder a una pregunta concreta: ¿dónde está perdiendo eficiencia la finca?, ¿qué zona necesita revisión?, ¿hay diferencias de vigor?, ¿conviene revisar el riego?, ¿hay algún foco de estrés o enfermedad? Cuando el dron responde a una necesidad real, la información obtenida
Monitoreo multiespectral: cómo ver lo que el ojo no detecta
En muchas explotaciones agrícolas ocurre lo mismo: dentro de una misma parcela hay zonas que se desarrollan mejor que otras sin que la causa se vea claramente a simple vista. El agricultor puede detectarlo recorriendo la finca, pero muchas veces lo hace cuando la diferencia ya es evidente: plantas con menor vigor, zonas con peor desarrollo o problemas que no se explican solo con la observación directa. La tecnología multiespectral permite dar un paso más allá. A través de imágenes captadas desde drones, es posible identificar variaciones en el estado del cultivo antes de que sean visibles al ojo humano. Esto ayuda a entender mejor qué está ocurriendo en cada zona de la explotación y a tomar decisiones con más información. En la provincia de Málaga, donde conviven explotaciones de olivar, cítricos, hortícolas y cultivos subtropicales como el aguacate o el mango, esta herramienta puede resultar especialmente útil. Cada finca tiene sus propias condiciones de suelo, pendiente, disponibilidad de agua y exposición al sol. Por eso, disponer de mapas más precisos permite detectar diferencias internas y gestionar los recursos de forma más eficiente. Este tipo de soluciones forma parte de la transformación digital del sector agrario, donde el objetivo no es incorporar tecnología por moda, sino utilizar herramientas prácticas para mejorar la gestión diaria de agricultores, cooperativas y pymes rurales. Qué es el monitoreo multiespectral El monitoreo multiespectral consiste en captar imágenes del cultivo mediante cámaras especiales que registran diferentes bandas de luz. Algunas son visibles para nosotros, como el rojo, el verde o el azul. Otras, como el infrarrojo cercano, no las percibe el ojo humano, pero aportan información muy valiosa sobre el estado real de la vegetación. Una cámara convencional muestra cómo se ve la planta desde fuera. Una cámara multiespectral ayuda a interpretar cómo está respondiendo el cultivo. Por eso, esta tecnología se utiliza cada vez más en agricultura de precisión, especialmente cuando se quiere detectar variabilidad dentro de una parcela, localizar zonas con menor vigor o anticiparse a posibles problemas. Según EOS Data Analytics, las imágenes multiespectrales trabajan con varias bandas del espectro y se utilizan en agricultura para observar el estado de los cultivos, detectar cambios y apoyar una gestión más precisa. Por qué permite ver más allá de lo visible Las plantas reflejan la luz de forma diferente según su estado. Una planta sana, bien hidratada y con buen desarrollo no responde igual que una planta con estrés hídrico, falta de nutrientes, daño o menor actividad fotosintética. Muchas veces esa diferencia todavía no se aprecia en el color de la hoja, pero sí aparece en las bandas que captan los sensores multiespectrales. Por eso, esta tecnología funciona como una herramienta de alerta temprana. Puede ayudar a detectar zonas que parecen normales a simple vista, pero que ya muestran una respuesta diferente. Esto permite revisar antes, tomar muestras en puntos concretos y actuar con más margen. Por ejemplo, una zona con menor vigor puede estar relacionada con falta de agua, problemas de suelo, compactación, fertilización desigual, una plaga inicial o una enfermedad que todavía no se ha extendido. El mapa multiespectral no da por sí solo la respuesta definitiva, pero sí indica dónde conviene mirar primero. Cómo funciona una cámara multiespectral Las cámaras multiespectrales captan varias longitudes de onda de luz. Mientras una cámara RGB tradicional recoge información en rojo, verde y azul, una cámara multiespectral también puede registrar bandas como el infrarrojo cercano. Después, esa información se procesa para generar mapas e índices de vegetación. Uno de los índices más conocidos es el NDVI, utilizado para estimar el vigor de la vegetación y detectar diferencias dentro de una misma explotación. También existen otros índices que ayudan a estudiar el desarrollo del cultivo, la cubierta vegetal o posibles señales de estrés. Como explica Aerial Productions, este tipo de cámaras permite captar información más allá del espectro visible y obtener datos sobre vegetación y suelo. En agricultura, esto puede ayudar a evaluar el vigor de las plantas y detectar zonas con estrés hídrico, enfermedades o deficiencias nutricionales. Aun así, es importante tener claro que un índice no debe interpretarse de forma aislada. Un valor bajo puede tener muchas causas. Por eso, el monitoreo multiespectral debe combinarse siempre con revisión en campo, conocimiento de la finca y criterio técnico. De la imagen al mapa de la parcela El verdadero valor del monitoreo multiespectral aparece cuando las imágenes se procesan y se convierten en mapas claros. A partir de un vuelo con dron, se pueden generar ortomosaicos, mapas de vigor e índices que muestran la variabilidad dentro de la parcela. En vez de ver la finca como una superficie uniforme, el agricultor o técnico puede distinguir zonas con comportamientos diferentes. Esto ayuda a organizar mejor la visita al campo, dirigir los muestreos, revisar puntos concretos y decidir si una actuación debe aplicarse a toda la parcela o solo a una parte. Esta forma de trabajar encaja muy bien con explotaciones pequeñas y medianas, porque no siempre hace falta empezar con grandes inversiones. A veces, el primer paso es simplemente conocer mejor la finca y detectar dónde se están produciendo diferencias. Además, si los vuelos se repiten con una metodología similar, se puede comparar la evolución del cultivo en el tiempo. Así se comprueba si una zona mejora, si una anomalía sigue igual o si un problema se está extendiendo. Para qué puede servir en el campo El monitoreo multiespectral puede tener muchas aplicaciones en una explotación agraria. Una de las más habituales es detectar diferencias de vigor. Esto permite localizar zonas que crecen menos, que presentan una respuesta desigual o que necesitan una revisión más detallada. También puede ayudar en el seguimiento del riego. En zonas donde el agua es un recurso limitado, disponer de información sobre la respuesta del cultivo puede ser muy útil para revisar sectores de riego, detectar áreas con posible estrés hídrico y ajustar decisiones. Otra aplicación importante es el apoyo a la detección temprana de plagas y enfermedades. La cámara multiespectral no
Ventajas operativas del dron en agricultura
En muchas explotaciones agrícolas, el reto no está solo en saber qué labor hay que hacer, sino en poder llegar bien hasta la zona donde realmente hace falta intervenir. Hay parcelas con pendientes, accesos complicados, bordes irregulares, zonas encharcadas, terrenos fragmentados o rincones donde la maquinaria terrestre entra con dificultad. En estos casos, el dron puede convertirse en una herramienta muy útil para trabajar con más rapidez, seguridad y precisión. En la provincia de Málaga, donde conviven explotaciones de olivar, cítricos, hortícolas y cultivos subtropicales como el aguacate o el mango, esta tecnología puede tener una aplicación muy práctica. Muchas fincas no son completamente uniformes: pueden tener desniveles, caminos estrechos, zonas de difícil acceso o parcelas repartidas en distintos puntos. Por eso, contar con una visión aérea ayuda a revisar mejor la explotación y a tomar decisiones con más información. El dron no sustituye al tractor ni a la maquinaria agrícola tradicional. Más bien, funciona como un complemento que permite observar, revisar y planificar mejor determinadas tareas. Dentro de la transformación digital del sector agrario, representa una forma práctica de aplicar tecnología al día a día del campo. Acceso a zonas difíciles Una de las ventajas más claras del dron en agricultura es su capacidad para llegar a zonas donde la maquinaria terrestre tiene más limitaciones. Esto ocurre en terrenos con pendiente, parcelas estrechas, caminos en mal estado, márgenes complicados o áreas donde el tractor no puede maniobrar con comodidad. En estas situaciones, el dron permite revisar la zona desde el aire sin necesidad de entrar físicamente con maquinaria pesada. Puede utilizarse para inspeccionar cultivos, detectar daños, comprobar el estado de una parcela después de lluvias o localizar puntos que necesitan una revisión más detallada. También resulta útil en explotaciones fragmentadas, donde los desplazamientos entre parcelas consumen mucho tiempo. En vez de recorrer cada punto a pie o con vehículo, el dron ofrece una primera visión rápida y ayuda a decidir dónde conviene actuar primero. Empresas especializadas como HelixNorth destacan que los drones pueden mejorar la observación del cultivo y facilitar una gestión más eficiente. Esta visión aérea ayuda a detectar incidencias que desde el suelo pueden pasar desapercibidas. Más seguridad y menor impacto sobre el terreno El uso de drones también puede mejorar la seguridad en determinadas tareas. En terrenos inestables, pendientes pronunciadas o zonas con acceso complicado, el operario evita entrar directamente en lugares donde puede haber riesgo de caída, atasco o accidente. Esto es especialmente importante después de lluvias, en zonas blandas o en caminos deteriorados. El dron permite hacer una inspección previa y valorar si realmente es necesario entrar en la parcela o si conviene esperar a mejores condiciones. Además, al reducir la necesidad de maniobrar con vehículos pesados en zonas delicadas, también se disminuye el impacto sobre el suelo. Cada entrada de maquinaria puede generar compactación, afectar a zonas sensibles o dañar partes del cultivo, sobre todo cuando el terreno está húmedo. Por ejemplo, antes de entrar con un tractor, el agricultor puede usar el dron para comprobar si una zona está encharcada, si hay daños visibles o si una parte del cultivo presenta menor desarrollo. Así se evita entrar “a ciegas” y se reducen pasadas innecesarias. Ahorro de tiempo y mejor organización del trabajo En agricultura, el tiempo también es un recurso. Muchas decisiones tienen que tomarse rápido, sobre todo cuando hay cambios de tiempo, problemas de riego, daños por fauna, enfermedades o incidencias localizadas. El dron permite revisar una superficie amplia en poco tiempo y obtener una visión general de la explotación. Esto ayuda a priorizar tareas: qué zona revisar primero, dónde puede haber un problema, qué parcela necesita atención y qué áreas parecen estar en buen estado. En explotaciones con varias parcelas o terrenos dispersos, esta capacidad puede ser especialmente útil. El agricultor o técnico no tiene que dedicar el mismo tiempo a revisar todo por igual, sino que puede apoyarse en la información aérea para ordenar mejor el trabajo. Según Agtrac, los drones agrícolas pueden aportar beneficios relacionados con el ahorro de tiempo, la reducción de costes y la obtención de información más precisa sobre los cultivos. Por eso, cada vez se integran más en trabajos de agricultura de precisión. Precisión en parcelas irregulares Muchas explotaciones no tienen parcelas grandes, rectas y fáciles de trabajar. Es habitual encontrar bordes irregulares, pequeñas superficies, linderos, zonas con obstáculos o áreas donde la maquinaria no se adapta bien a la forma real del terreno. El dron ofrece una respuesta más flexible. Puede volar sobre la geometría real de la parcela, revisar zonas concretas y ayudar a localizar puntos que necesitan atención. Esto resulta útil tanto para inspección como para planificación de trabajos. En agricultura de precisión, esta información permite pasar de una gestión general a una gestión más localizada. No toda la explotación tiene que recibir la misma atención ni todas las zonas presentan los mismos problemas. El dron ayuda a identificar esas diferencias y a trabajar de forma más ajustada. Esta idea conecta especialmente con pequeñas y medianas explotaciones, donde la tecnología no tiene por qué ser compleja ni estar pensada solo para grandes fincas. También puede servir para agricultores que quieren conocer mejor sus parcelas y optimizar sus recursos. Apoyo para inspección y toma de decisiones El dron puede utilizarse para muchas tareas de apoyo: revisar el estado del cultivo, detectar diferencias de vigor, localizar zonas con estrés, comprobar daños, observar problemas de riego o documentar el estado de una parcela en un momento concreto. Su valor no está únicamente en la imagen, sino en la información que esa imagen puede aportar. Una fotografía aérea puede ayudar a detectar una zona con menor desarrollo, una franja afectada o una diferencia clara entre partes de la finca. Cuando esa información se combina con la experiencia del agricultor y el criterio técnico, la toma de decisiones mejora. El dron detecta, el técnico interpreta y la explotación actúa con más precisión. Por eso, esta tecnología no debe verse como una moda, sino como una
Monitorización aérea para la identificación precoz de plagas y enfermedades agrícolas
Detectar una plaga o una enfermedad a tiempo puede marcar la diferencia en una explotación agrícola. En el campo, unos días de retraso pueden afectar al rendimiento, la calidad de la cosecha y el coste de la intervención. Por eso, cada vez más explotaciones buscan herramientas que les ayuden a vigilar mejor sus cultivos y actuar con más rapidez. En la provincia de Málaga, donde conviven cultivos como el olivar, los cítricos, los hortícolas y los subtropicales como el aguacate o el mango, esta necesidad es especialmente importante. Muchas fincas tienen parcelas irregulares, zonas con pendientes, diferencias de suelo o áreas donde no siempre es fácil detectar un problema desde el suelo. En este contexto, los drones se han convertido en una herramienta útil para localizar incidencias antes de que sean evidentes a simple vista. No sustituyen al agricultor ni al técnico, pero sí ayudan a revisar mejor la finca, detectar zonas sospechosas y decidir dónde conviene mirar primero. Este tipo de soluciones forma parte de la transformación digital del sector agrario, donde la tecnología se utiliza de forma práctica para tomar decisiones más rápidas, precisas y adaptadas a cada explotación. Ver antes de que el daño sea evidente Muchas plagas y enfermedades no aparecen de golpe en toda la parcela. Normalmente empiezan en focos pequeños, manchas o zonas concretas que pueden pasar desapercibidas durante los primeros días. Desde el suelo, esos cambios no siempre se ven con facilidad, sobre todo en parcelas grandes, cultivos densos o terrenos con difícil acceso. El dron permite obtener una visión general del cultivo en poco tiempo. Desde el aire, es más fácil detectar diferencias de color, pérdida de vigor, zonas con menor desarrollo, manchas irregulares o cambios que pueden indicar que algo no va bien. Esta primera revisión aérea no ofrece un diagnóstico definitivo, pero sí ayuda a identificar las zonas que necesitan una inspección más detallada. En vez de recorrer toda la finca buscando el problema “a ojo”, el agricultor o técnico puede centrarse en los puntos donde el dron ha detectado una anomalía. Según UMILES, los drones pueden apoyar el control de plagas al facilitar la vigilancia del cultivo y la localización de zonas afectadas. Sensores que ayudan a detectar problemas No todos los drones agrícolas trabajan igual. Algunos utilizan cámaras RGB, similares a una cámara convencional. Estas sirven para ver cambios visibles en el cultivo, como manchas, zonas secas, pérdida de cobertura vegetal o daños físicos. Otros incorporan cámaras multiespectrales, que captan información que el ojo humano no percibe. Este tipo de sensores puede detectar cambios en la respuesta de la vegetación antes de que el problema sea visible desde el suelo. Por ejemplo, una zona afectada por una enfermedad o una plaga puede mostrar menor vigor o una respuesta diferente en determinados índices de vegetación. También pueden utilizarse sensores térmicos, que ayudan a observar diferencias de temperatura en el cultivo. Estas variaciones pueden estar relacionadas con estrés, falta de agua, daños fisiológicos o alteraciones en el funcionamiento normal de la planta. La investigación publicada por EAJournals analiza cómo la combinación de drones, imágenes aéreas y aprendizaje automático puede ayudar al seguimiento de la salud del cultivo y a la detección de enfermedades. Aun así, la tecnología debe entenderse como una ayuda, no como una respuesta automática. El dron señala dónde mirar Un mapa puede mostrar una zona con menor vigor, pero eso no significa automáticamente que haya una plaga o una enfermedad. Una bajada de vigor puede deberse a falta de agua, compactación del suelo, carencias nutricionales, daños por maquinaria, problemas de drenaje, estrés térmico o presencia de patógenos. Por eso, la información aérea siempre debe contrastarse en campo. El valor del dron está en ordenar la revisión. Primero detecta zonas anómalas. Después, el técnico o agricultor comprueba qué está ocurriendo realmente. Esta combinación permite ahorrar tiempo y evitar decisiones precipitadas. En la práctica, el dron funciona como una primera capa de vigilancia. No sustituye el conocimiento del campo, pero ayuda a enfocar mejor la inspección y a revisar con más detalle las zonas donde puede existir un problema. Del foco al mapa de actuación Una de las mayores ventajas del dron es que permite delimitar el problema. Cuando una plaga o enfermedad aparece, no siempre afecta a toda la explotación por igual. Puede empezar en una esquina, avanzar en una franja, concentrarse en una zona húmeda o aparecer cerca de un borde de parcela. Con un vuelo bien planificado, es posible localizar esos focos y generar mapas que ayuden a ver su extensión. Esto es muy útil para decidir si el problema requiere una intervención localizada, un seguimiento más frecuente o una revisión más amplia. Esta forma de trabajar encaja muy bien con pequeñas y medianas explotaciones. No se trata de aplicar tecnología por moda, sino de usarla para entender mejor la parcela y actuar solo donde hace falta. Si el problema está concentrado en una zona concreta, no siempre tiene sentido revisar o tratar toda la finca con la misma intensidad. La monitorización aérea permite priorizar y tomar decisiones más ajustadas. Más rapidez y mejor seguimiento En agricultura, detectar pronto puede evitar pérdidas importantes. Una plaga que se identifica tarde puede expandirse con rapidez. Una enfermedad que no se controla a tiempo puede afectar a la calidad y al rendimiento. Y un daño mal interpretado puede llevar a tratamientos innecesarios o poco eficaces. El dron ayuda a reducir ese margen de incertidumbre. Permite revisar más superficie en menos tiempo, localizar zonas sospechosas y organizar mejor la respuesta. También permite hacer seguimiento después de una actuación. Si se aplica una medida correctora, un nuevo vuelo puede ayudar a comprobar si la zona mejora o si el problema sigue avanzando. Desde Interempresas también se destaca el papel de los drones, la inteligencia artificial y los sensores como avances relevantes dentro de la agricultura de precisión. Cuidado con los tratamientos fitosanitarios Es importante diferenciar entre usar drones para detectar plagas o enfermedades y utilizarlos para aplicar productos fitosanitarios. No
Cómo estructurar una estrategia de riego agrotech en finca
Dar el salto al riego agrotech no consiste solo en instalar sensores o comprar una plataforma digital. Para que la tecnología aporte valor real, es importante empezar con una estrategia clara y adaptada a cada explotación. El error más habitual es incorporar herramientas sin haber definido antes qué problema se quiere resolver. En la provincia de Málaga, donde conviven explotaciones de olivar, cítricos, hortícolas y cultivos subtropicales como el aguacate o el mango, cada finca puede tener necesidades muy distintas. No es lo mismo una parcela con pendiente que una explotación con varios sectores de riego, ni una finca pequeña que una cooperativa con varias zonas de cultivo. Antes de invertir, conviene hacerse algunas preguntas: ¿qué cultivo tengo?, ¿qué tipo de suelo predomina en la finca?, ¿dónde se pierde eficiencia?, ¿cuánto pesa el coste energético?, ¿qué zonas tienen más problemas de riego?, ¿necesito solo medir o también automatizar? A partir de ese diagnóstico, la tecnología adecuada aparece con más claridad. El riego agrotech forma parte de la transformación digital del sector agrario, que busca ayudar a explotaciones, cooperativas, autónomos y pymes rurales a tomar decisiones con más información y menos incertidumbre. Empezar por el problema, no por la tecnología La primera fase de cualquier estrategia de riego inteligente debe ser el diagnóstico. No todas las fincas necesitan lo mismo. Una explotación de olivar puede tener problemas distintos a una de cítricos o a una finca de subtropicales. Incluso dentro de una misma parcela puede haber zonas con suelos diferentes, pendientes, sectores con distinta presión o emisores que no funcionan igual. Por eso, antes de digitalizar, hay que observar cómo está funcionando el sistema actual. Es recomendable revisar la red de riego, los consumos de agua y energía, los históricos de producción, los datos climáticos disponibles y las zonas donde aparecen problemas de estrés o exceso de humedad. Citoliva explica que la programación del riego debe tener en cuenta factores como la climatología, las necesidades hídricas, la ubicación de las plantas y la humedad del suelo. Esta idea es clave: el riego inteligente no funciona igual en todas las fincas, porque cada explotación tiene su propia realidad. Fase 1: diagnóstico de la finca El diagnóstico permite saber dónde se encuentra el mayor margen de mejora. Puede que el problema principal sea el consumo de agua, el coste energético, la falta de uniformidad en el riego, la ausencia de datos o la dificultad para controlar varias parcelas a la vez. En esta fase conviene identificar qué información ya tiene la explotación y cuál falta. Por ejemplo, puede haber datos de consumo de agua, pero no información sobre humedad del suelo. También puede existir una programación de riego estable, pero sin relación con la previsión meteorológica o el estado real del cultivo. Este primer paso ayuda a evitar inversiones innecesarias. No se trata de instalar muchos dispositivos, sino de elegir aquellos que permitan responder a una necesidad concreta. Una estrategia bien planteada empieza siempre por entender la finca. Fase 2: medición e instrumentación Una vez detectado el problema, llega la fase de instrumentación. Aquí entran en juego sensores de humedad, estaciones meteorológicas, caudalímetros, sistemas de telecontrol, conectividad y plataformas de gestión. La clave no está en la cantidad de sensores, sino en colocarlos donde realmente aporten información útil. Un sensor mal ubicado puede generar datos poco representativos. En cambio, un sistema bien diseñado permite conocer mejor el comportamiento del suelo, la respuesta del cultivo y las diferencias entre sectores de riego. La Universidad de Sevilla recoge un ejemplo de sistema IoT para el riego óptimo del olivar, basado en sensores de humedad, servicios de predicción meteorológica y toma de decisiones en la nube. Este tipo de soluciones muestra cómo el dato puede convertirse en una herramienta práctica para gestionar mejor el agua. Fase 3: conectar los datos con la toma de decisiones Medir es importante, pero no suficiente. Para que una estrategia agrotech funcione, los datos deben transformarse en decisiones. Saber que una zona tiene menos humedad solo tiene valor si esa información permite ajustar el riego, revisar una instalación o cambiar una programación. En esta fase, las plataformas digitales ayudan a visualizar los datos, comparar parcelas y generar alertas. También permiten detectar tendencias: zonas que se secan antes, sectores con consumos anómalos o momentos en los que se está regando más de lo necesario. Empresas especializadas en soluciones IoT, como Monolitic, destacan el uso de sensores, conectividad y análisis de datos para gestionar los recursos hídricos de forma más eficiente. Aplicado a una finca, esto significa pasar de una gestión basada solo en la observación a una gestión apoyada en información actualizada. Fase 4: automatización inteligente Cuando la medición y el análisis ya están bien integrados, la siguiente fase puede ser la automatización. Esto permite abrir y cerrar válvulas, modificar horarios, recibir alertas o ajustar tiempos de riego de forma remota. La automatización no significa perder el control de la finca. Al contrario, permite reaccionar antes ante cambios en el clima, fugas, exceso de caudal o situaciones de estrés. En explotaciones grandes o con varias parcelas, también reduce desplazamientos y facilita el trabajo diario. Telefónica Tech plantea el control inteligente del riego como una forma de gestionar el agua en función del estado hídrico del cultivo, utilizando sensores, datos y automatización. Este enfoque permite que el sistema no solo mida, sino que ayude a actuar con más rapidez. Evaluar resultados y ajustar la estrategia Una estrategia agrotech no termina cuando se instala la tecnología. Después hay que comprobar si realmente está funcionando. Para ello, conviene revisar indicadores como consumo de agua, coste energético, uniformidad del riego, producción, calidad del cultivo y número de incidencias detectadas. También es importante ajustar umbrales y programaciones. La finca puede cambiar con el tiempo, igual que cambian el clima, el cultivo y las necesidades de agua. Por eso, la digitalización debe entenderse como un proceso progresivo, no como una solución cerrada. En algunos casos, el riego inteligente puede complementarse con otras herramientas de agricultura de precisión,